Texto expositivo (RP) 1

Rogelio CHICHARRO: Diario Jaén, 19-04-2002

Mientras que ciertos fenómenos de la naturaleza que provocan la muerte y la destrucción, como los terremotos o las erupciones de los volcanes, son inevitables e imprevisibles, lo que ha hecho que el hombre se haya sentido abrumado ante ellos a lo largo de la historia, otros muchos fenómenos siembran a diario la muerte en todos los puntos del planeta. Me estoy refiriendo a las miles de víctimas que produce el tráfico. Desde todos los medios de comunicación se nos advierte sobre la prudencia que debemos mantener al volante, e incluso nos presentan terroríficas imágenes sobre los efectos trágicos que conllevan los accidentes de tráfico. Alguna de estas imágenes por sí sola debería ser capaz de remover la conciencia del más inconsciente de los conductores y el alma del más impermeable; pero, como todos hemos oído decir alguna vez, nadie escarmienta en cabeza ajena.

Poco a poco creo que somos cada vez más los que vemos bien que se endurezcan las sanciones para los que atentan contra la seguridad de los demás, e incluso que deseamos la presencia de los guardias de tráfico cuando vemos algunas barbaridades que se producen en nuestras carreteras; pero también somos más los que rechazamos ciertos controles trampa que tienen un claro objetivo recaudatorio y en los que, sin crear peligro ninguno, muchos ciudadanos de economías modestas son sancionados sin remisión haciéndoles el fin de mes más penoso de la cuenta.

La conducción es un reflejo evidente de nuestra educación. Por eso, estoy convencido de que sólo disminuirá el número de accidentes y el de conductores temerarios cuando, además de implantarse otras medidas que se están tomando, se eleve el nivel cultural y de formación de los españoles.

El coche es el gran invento de nuestro tiempo y el signo de la libertad; también es el reflejo de nuestra prosperidad porque se ha convertido en el señuelo externo del nivel de vida.

Y quizá por todo ello a lo que más recursos dedican las familias; sin embargo, para miles de conciudadanos, este icono de nuestra época representa ya la pesadilla del dolor y de la muerte. Es responsabilidad de todos nosotros que el coche siga siendo signo de libertad y no de sufrimiento.

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